La milpa
Pasé toda la mañana recolectando leña, a mi alrededor nada más que hojas golpeándose entre sí. Me gusta pensar que son hermanos peleando por quién se queda en la rama. Aunque también estarían compitiendo por quién llega más lejos al caer. Los pájaros cantan una melodía dulce, que trato de imitar con mi silbido, pero suena más como un grillo enfermo. Los pájaros por aquí son de muchos colores y tamaños. A veces vuelan tan cerca de mí que casi me llevan con ellos. Sueño con volar, poder ver qué hay más allá del horizonte verde, pero me da miedo dejar a mi mamá sola, ella es quien me prepara mi comida favorita con mucho amor. Y desde que mi papá se fue al monte, ella dice que soy yo quien debe cuidar de ella y de mis hermanitos.
Nubes negras empiezan a cubrir el horizonte, pero se pierden entre lo verde del bosque. De un momento a otro el ruido a mi alrededor se detiene, los pájaros dejan de cantar, y nada más suena que el crujir de la leña. El sol empieza a caer y eso significa que debo regresar a casa, ya recolecté muchas ramas secas de todos los tamaños. Mi mamá las usará para su comal y preparará la comida para mi tío y mis hermanos. Mi tío nos viene a visitar hoy y eso significa que habrá mi comida favorita.
Mi tío es quien se llevó a mi padre al monte. Él siempre habla con palabras muy confusas, y su ropa siempre es igual. El pobre no tiene nada más que su pañuelo rojo, sus uniformes verdes y esas viejas botas. Mi tío es el hombre más extraño que conozco; él dice que trabaja en el monte, dice que escondido en el bosque hay algo llamado libertad, y dice que cuando tenga edad suficiente me llevará con él a buscarla. ¿Qué será esa libertad?
A lo lejos, unos camiones con unos hombres en la parte de atrás levantan polvo por las prisas. ¿Será que mi tío ya llegó? ¿Serán ellos sus amigos? Esos camiones son como los que le gustan a mi amigo, él tiene varios carritos y camiones que su papá le hace de madera. Quiero ir a ver a mi amigo, pero en su casa no hay nadie. Su casa está vacía y desordenada, su mamá no estará porque no hay nadie preparando las tortillas para la cena, quizás salieron al molino por la masa.
Mi mamá siempre, antes de que se esconda el sol, recoge la ropa del lazo, pero aún está tendida. El viento intentó llevarse la ropa, pero no pudo, solo la dejó regada por todas partes. En la casa no se escucha ni un solo ruido, solo está mi abuela. La pobre está muy cansada porque por más que le hablo y la muevo, no despierta. Mi abuela no puede cuidar de mis hermanitos, mi mamá siempre se los lleva. Tal vez por eso no están, quizás se fueron a recoger a mi tío cerca del campo de maíz donde siempre lo vemos.
Camino al campo, las puertas de las casas están abiertas, como si estuvieran invitando al aire a pasar. Empieza el verano con el calor que deja pegajoso y que solo invita a descansar. Todos abrieron sus puertas y ventanas para sentir el fresco aire del atardecer. Unas personas descansan rígidas en el suelo, otras en las sillas duermen torcidas y algunas en las hamacas meciéndose de un lado a otro. Pero a todos el sueño les ha ganado.
Después de ayudar en la casa, los niños salen a llenar los caminos y patios. Ahora deben de estar jugando a las escondidas porque a esta hora nunca el camino está solo y silencioso. Aunque a lo lejos unos niños están descansando debajo de aquel árbol. Cuando regrese, ojalá que sigan aquí para poder unirme a ellos.
Al alejarse del pueblo todo es silencioso y tranquilo. Se empieza a ver luz que sale de las ventanas. Días extraños como hoy, el fuego llena de humo el pueblo. Mi papá me contó una vez que cuando el fuego saca mucho humo es señal de que se está ahogando. ¿El fuego respira?
Mi tío sería el hombre que sabría si el fuego respira, él sabe mucho. Él fue a la capital a estudiar, él sabe leer. Él a veces nos lee libros de magia, lee historias de personas que hacen cosas imposibles, como desaparecer.
Mi mamá, siempre que iba a ver a mi tío al campo de maíz, las reglas eran no hacer ruido y no hablar de esto con nadie; cuando nos hacía acompañarla jugábamos a ser como la milpa, que solo hace ruido al moverse con el viento. Por eso, mi parte favorita de entrar al campo, es jugar a que soy una milpa que se deja llevar de un lado a otro.
A mi mamá también le gusta el juego de la milpa. Ella también está ahí quieta, dejándose llevar por el viento con la milpa. Mis hermanos no están por ningún lado y mi mamá no dice nada, su mirada está fija en el camino por donde mi tío siempre viene. Un pañuelo rojo es lo único que queda enfrente de ella. A mi tío se le habrá caído y no se dio cuenta. Mi tío se habrá llevado a mis hermanos para que lo ayudaran a llevar sus cosas y no tardará en regresar. Lo esperaré junto a mi madre mientras jugamos a ser milpa en silencio debajo de este árbol.
Escrito por Ian Lemus
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