BUKELE: EL TRUMP DE LOS MORENOS

BUKELE: EL TRUMP DE LOS MORENOS

Resultado de una sociedad desesperada y decepcionada.

Qué raro es ver cómo hay gente que desea que el presidente de Guatemala sea como Bukele. Que sea ese “presidente fuerte”, capaz y valiente.

Te dan una lista inmamable de cosas buenas sobre él, sobre todo de cómo “arregló” El Salvador, y lo mucho que desearían cromársela. Y sí, todo suena bien. Pero cuando me cuentan que es un hombre con buenas intenciones e incorruptible… yo me pregunto: ¿Esos 5 dólares que compré en Bitcoin subirán de valor gracias a que Bukele acaba de inflar alguna billetera cripto con dinero público?

Ojo, no digo que sea un mal líder o como le digan. Aunque, seamos sinceros, tomar decisiones o hacer leyes a tu favor, darle poder absoluto al ejército y a la policía, y vender humo para mantener una narrativa falsa o poco precisa de la realidad, me suena raro. Más bien, como dicen los chavos, es un “neocaudillo neoliberal del capital”. Y qué tristeza, porque la gente que te dice que quiere un Bukele, en realidad quiere un superhéroe.

Dejemos de pajas. Los guatemaltecos que están esperando la llegada de “ese gran hombre que tome el poder” son los mismos decepcionados de la democracia que, en el fondo, quieren regresar a los tiempos de Jorge Ubico y Ríos Montt. Muchos de ellos son unos raritos con sueños húmedos con dictadores del siglo pasado; si no, vean a los grupos de neonazis en Guatemala. Ellos piensan que les tocaría ser de las clases altas de la época, pero en realidad les habría tocado ser los indios esclavizados o exterminados. Pero, en fin, cada quien con sus fantasías.

Lo bueno es que ya no volveremos a tener dictadores de la vieja escuela, pero tampoco superhéroes. La cosa es que, gracias al siglo XXI, tenemos algo peor. Ahora tenemos este nuevo modelo de líder: copias chafas de Trump, resultado de las peores ideologías de las últimas décadas. Ideologías rancias que solo buscan adorar al nuevo dios de este siglo: el capital.

Si no me crees, mira a los líderes modernos de Latinoamérica. Y qué mejor ejemplo que el neocaudillo neoliberal de Bukele. Seguro muchos dirán: “¿Cómo te atreves a comparar a su grandioso Bukele con el enfermo de Trump?”. Pues mira, no necesitamos mucho para darnos cuenta de que estos dos son el mismo producto.

“La única diferencia es que uno gobierna en un país rico de güeros y el otro gobierna un país pobre de prietos.”

CEOS NEPO BABYS

Para empezar, vámonos a lo básico, a la raíz del problema. Ambos son empresarios hijos de papi que heredaron fortunas con las que el 99% de nosotros solo podemos soñar. Nacieron en cuna de oro y creen que el mundo es su patio de recreo privado. Y no faltará el rarito desubicado en los comentarios que me diga: “Yo también voy por ese camino, voy a ser el siguiente Tío Rich, mentalidad de tiburón, bro”. (Claro, Juanito. Tu negocio de sacar fotocopias con un empleado mal pagado te hará millonario. Sigue soñando).

Pero dejemos de lado que sean millonarios de cuna, eso es suerte. Lo jodidamente malo es que son el producto final más tóxico de ese neoliberalismo rancio que nos han vendido por décadas.

Son empresarios con mentalidad de CEO gobernando un país. Y eso es lo que jode, porque tienen una visión totalmente trastornada del mundo. Recuerda esto: ellos no te ven como un humano, ni como un ciudadano con derechos. Te ven como una estadística en su tabla de Excel. Eres materia prima. Eres un recurso renovable y desechable para que la maquinaria del libre mercado siga girando.

Y seguro vas a decir: “¿Qué tiene de malo el libre mercado? ¡Buscan maximizar ganancias para todos!”. Y te entiendo, yo sé que el único libro que has leído de economía es Padre Rico, Padre Pobre, y ni siquiera lo entendiste porque estabas viendo un discurso de Javier Milei. El problema es que estos hombres son adictos a esa basura ideológica. Creen que el mercado es Dios y que todo se soluciona privatizando hasta el aire que respiras.

Combina ese fanatismo por el dinero con el poder político y tienes el veneno perfecto: neocaudillos del capital. Presidentes que no verán por el bien de las personas, sino por el de su propio bolsillo y su avaricia desmedida. Son dictadores modernos que no necesitan tomar el poder a la fuerza; solo necesitan likes y acciones en la bolsa.

¿No me crees? Mira a Trump, inflando su fortuna descaradamente mientras juraba que “servía al país”. Y me dirás que Bukele es diferente, que es “humilde”, que es un santo que hasta se bajó el sueldo. Pero ojo, se te olvida que es un neoliberal de manual. Ve y dile a tu empresario favorito que trabaje gratis o por amor al arte, y verás cómo te manda a limpiarle los zapatos con la lengua.

CREAR UN MONSTRUO PARA EVITAR LA REALIDAD

Bukele no se salva. Fíjate bien: su mismo gobierno, a través de la Corte Suprema, tiene una orden para no mostrar sus declaraciones de patrimonio. Qué raro, ¿no? Un hombre que se llena la boca diciendo que “el dinero alcanza cuando nadie roba”, actúa exactamente como los políticos ratas de siempre. En parte comparto su decisión; yo también ocultaría cuánto me he enriquecido a costillas del pueblo. Porque hay que ser claros: este hombre ha multiplicado su patrimonio desde que empezó su mandato. Pasó de tener unas cuantas propiedades a ser, junto con su círculo íntimo, los nuevos grandes neoterratenientes de El Salvador. Están comprando fincas, playas y propiedades valoradas en millones de dólares. Han regresado al feudalismo, pero con Bitcoin. Son los señores dueños de la tierra, y tú solo eres el siervo que les aplude.

“Y aquí es donde entra la magia negra del sistema. Porque claro, para robar a gusto, volverte un neoterrateniente y meterle ese veneno neoliberal a la gente sin que se rebelen, necesitas un distractor. Necesitas inventarte un monstruo.”

Aquí es donde te das cuenta de que Trump y Bukele usan el mismo manual para manipular incautos. Es un calco, solo cambia el idioma y el color de piel de la víctima.

Por un lado tienes a Trump, gritando como loco que el problema de Estados Unidos son los inmigrantes. Te dice que son una “plaga”, “animales”, que vienen a “envenenar la sangre” de los gringos puros. Te vende la paja mental de que, si deportas a Doña María, ¡pum!, mágicamente el capitalismo salvaje dejará de explotarte y vivirás el sueño americano. ¡No me jodas!

Y Bukele hace exactamente la misma mierda. Te vende que el único, absoluto y exclusivo problema de El Salvador son los mareros. Los llama “cáncer”, “ratas”. Y ojo, no defiendo a los mareros; aquellos que son culpables, que paguen su castigo, pero el truco aquí es la deshumanización. Bukele te quiere hacer creer que si encierra al “Brayan”, automáticamente la canasta básica bajará y las escuelas se van a convertir en Harvard.

¿Por qué lo hacen? Porque es muchísimo más fácil hacer que odies al “otro” —ya sea el prieto que cruza el río Bravo o el tatuado de tu barrio— que admitir que su sistema de libre mercado es una basura que solo genera pobreza.

A estos neocaudillos les conviene que creas que tu miseria es culpa de un grupo de “malos de película”, y no el resultado de un sistema económico podrido que ellos mismos defienden y del que se están haciendo asquerosamente ricos. Trump no quiere arreglar la desigualdad, quiere que culpes al jardinero. Bukele no quiere arreglar la falta de oportunidades, quiere que aplaudas como foca mientras construye una cárcel más grande que un centro comercial para esconder el fracaso de su modelo.

Al final, te venden la misma hamburguesa podrida. Te hacen creer que eliminando a la “plaga” se acaba el problema, cuando la realidad es que el hambre y la miseria siguen ahí, cagándose de risa de ti, esperando a que se apague el show de luces del líder carismático.

EL MITO DEL ESTADO DE EXCEPCION

Ya vendrán a defenderlo, a decir que le perdonan sus actos de corrupción y que lo que haga como empresario neoliberal no les importa porque es un “buen político” que nos trajo la paz. Y lo entiendo, entiendo el discurso. Apela a las tripas. ¿Quién no quiere caminar tranquilo sin que le cobren renta? Pero aquí es donde destruimos su mejor discurso, ese por el cual medio mundo desea un Bukele en su país: el mito de “Cero Crímenes”.

Mira, se ve muy bonito cuando el presidente publica en Twitter (o X, como le diga el otro millonario loco) que El Salvador es el país más seguro del sistema solar. La gente se lo traga entero y compra esa idea. Pero a mí hay algo que no me cuadra: ¿Cómo carajos logras eso sin haber arreglado la pobreza, la educación o la falta de oportunidades?

Ahí es donde regresa la comparación con tu tío Trump. Fíjate en la jugada: Trump grita que los inmigrantes son “animales”. Que no son gente. Así, cuando enjaula niños en la frontera o deporta a la abuelita que ha vivido ahí 30 años, sus seguidores aplauden. ¿Por qué? Porque ya no ven a un humano, ven a una “amenaza”.

Bukele hace lo mismo con el “Régimen de Excepción”. Nos vendió la idea de que todo el que vive en un barrio pobre, tiene la piel morena y cara de no tener cuenta en el banco, es un “terrorista” en potencia. Ha creado el enemigo perfecto. El marero ya no es una persona que tomó malas decisiones en un sistema podrido; es un monstruo. Y contra los monstruos, todo se vale.

“Y aquí es donde la puerca tuerce el rabo. Porque bajo esa lógica de ‘guerra santa’, se llevan de corbata a cualquiera.”

¿Tienes un tatuaje artístico de tu mamá que te hizo tu compa borracho y quedó medio feo? ¡Al bote por terrorista! ¿Te pusiste nervioso cuando pasó la patrulla porque traías un churro de mota? ¡A la megacárcel por líder de clica! ¿Le caíste mal al policía porque miraste feo a su novia? ¡Vámonos, al CECOT!

Es el sueño húmedo de cualquier dictador: poder meter preso a quien se le dé la gana sin dar explicaciones. Y así como Trump deportaría a Doña María, la señora honesta que vende pupusas, solo por no tener papeles, Bukele encierra a Juan, el albañil, solo porque un sistema anónimo dijo que “parecía sospechosos”. Y la gente aplaude. Aplauden mientras se llevan al vecino inocente, pensando: “Algo habrá hecho”.

Me dirás: “¡Pero las cifras han bajado a cero!”. A ver, piensa en frío, y no en caliente. Un hombre que tiene el récord olímpico de ocultar su propio patrimonio, ¿de verdad crees que te va a decir la verdad sobre los muertos? Para Bukele es facilísimo. Él controla las etiquetas. Si aparece un muerto, él decide si cuenta o no. ¿Lo mató un policía? Ah, no es homicidio, es un “terrorista abatido”. ¡Punto para la casa! ¿Murió un reo en la cárcel porque lo molieron a golpes o no le dieron su medicina para la diabetes? Eso no es violencia, eso es “causa natural”.

Y aquí viene lo más oscuro, lo que nadie quiere ver porque rompe la burbuja de fantasía. Dicen que ya no hay muertos. ¿Pero y los desaparecidos? Porque para sorpresa de nadie, a esa gente es facilísimo no contarla.

Y ojo, que aquí falta la cereza del pastel: la violencia de los que traen placa. Porque resulta que en este “paraíso” de Bukele, los robos y los hurtos no han desaparecido, solo que ahora tienen permiso oficial. La gente te dice: “Ay, es que ahora puedo caminar con el celular en la mano”. Sí, claro, hasta que te topas con un retén militar en una zona rural o en un barrio pobre a media noche. Hemos cambiado a los mareros por uniformados con poder absoluto. Antes te extorsionaba el “Snoopy” de la esquina; ahora, si un soldado te ve mal, te detiene, te bolsea, te quita lo que traes y si reclamas… ¡pum!, te aplican el Régimen de Excepción por “resistencia” o “asociación ilícita”.

¿A quién vas a denunciar si el que te roba es el mismo que supuestamente te cuida? ¿A Batman? Los robos “hormiga”, los asaltos en el transporte y el abuso de autoridad siguen pasando a diario, pero esas cifras son invisibles. Hay cientos de denuncias de gente humilde a la que la policía le roba dinero, herramientas o mercancía durante los operativos. Es el impuesto revolucionario del neocaudillismo: ya no pagas “renta” a la mara, ahora pagas el capricho del policía que se siente Dios porque el presidente le dijo que él es la ley. Es la privatización de la violencia: el Estado ahora tiene el monopolio del crimen, y como buenos neoliberales, no aceptan competencia. Sacaron a las pandillas del mercado no para protegerte a ti, sino para quedarse ellos con el negocio del control y el miedo.

LA VIOLENCIA QUE NO VENDE

Y me volverán a decir los fanáticos: “¡Pero El Salvador ahora es seguro!”. Yo pregunto: ¿Seguro para quién? Porque si eres mujer, esa seguridad es una mentira del tamaño de la deuda externa. Desde que este neocaudillo llegó al poder, la violencia contra la mujer sigue igual o peor. Pero claro, eso no vende. Eso no sale en los videos cool de TikTok con música de acción. Hablemos de los feminicidios y la violencia sexual. Las cifras reales dan terror. Hablamos de miles de denuncias de violencia sexual desde que él es presidente. Por cada día que Bukele tuiteaba “Cero homicidios, somos Suiza”, en las casas, en los callejones y en las oficinas de gobierno, se cometían casi 20 delitos sexuales. Y lo que más me jode, lo que me hierve la sangre, es que en la mayoría de los casos las víctimas son adolescentes y niñas. El Salvador reporta cientos de embarazos en niñas de 10 a 14 años cada año.

“¿Dónde está la ‘mano dura’ ahí? ¿Dónde está el ‘Régimen de Excepción’ para los violadores, para los tíos abusadores, para los jefes acosadores? Ah, no. Ahí no aplica. Porque esa violencia no sirve para la propaganda.”

Esa violencia no le ayuda a vender su imagen de “Salvador del Mundo”. Al final, Bukele ha logrado algo perverso: te ha hecho creer que la única violencia que existe es la del pandillero tatuado. Te ha hecho olvidar que el hambre es violencia. Que desaparecer sin rastro es violencia. Que violar a una niña es violencia. Que robarse el dinero de las medicinas es violencia. Pero claro, mientras el monstruo tatuado esté en la jaula, tú te sientes seguro… aunque el verdadero depredador pueda estar usando corbata, sentado en una oficina de gobierno, o patrullando tu calle con placa de policía. Esa es la realidad de su “país seguro”. Una cárcel muy bonita, pintada de colores neón, donde el que tiene la llave puede hacer lo que se le dé la gana contigo.

EDUCACION QUE CIERRA MENTES

Pero bueno, supongamos que te crees el cuento de la seguridad. Digamos que no te importa vivir en una cárcel gigante. Lo que te venden después es el “Progreso”. Te dicen que El Salvador ya es el “Singapur de América”, la “Suiza de Centroamérica”. ¡Puras pajas! Quitémonos la venda de los ojos: todo ese “progreso” no es más que una fachada cara, un set de grabación montado sobre un basurero.

Para que nadie cuestione esta estafa, necesitan asegurarse de que la gente no piense. Y ahí entramos en la educación. Bukele sale en la tele regalando tablets y laptops, y todo el mundo aplaude. Darle una tablet a un niño en una escuela que se cae a pedazos no es educación, es caridad barata. Y aquí les va el dato que duele: según organismos internacionales, El Salvador sufre de una “pobreza de aprendizaje” brutal. Estamos hablando de que un porcentaje alarmante de niños de 10 años no es capaz de leer y comprender un texto simple. Tienen la laptop en la mesa, sí, pero no entienden lo que leen en la pantalla. Estamos graduando a una generación de analfabetas digitales.

¿Y qué pasa con los más grandes? Se van. Abandonan. Y no los culpo. La juventud salvadoreña está frustrada y decepcionada. Miran el sistema educativo y dicen: “¿Para qué putas voy a terminar el bachillerato si igual no hay trabajo?”. El sistema les ha fallado tanto que el título de bachiller vale menos que el papel en el que lo imprimen. Sienten que el sistema está diseñado para escupirlos, no para impulsarlos.

Lo peor es el enfoque. El Ministerio de Educación ya no parece una institución pedagógica, parece un cuartel. Han militarizado la mente de los estudiantes.

El sistema educativo actual no quiere crear pensadores, quiere crear soldaditos. Están borrando el pensamiento crítico para reemplazarlo con obediencia ciega. Quieren una juventud que funcione como un ejército de zombis con Wi-Fi, listos para defender al líder pero incapaces de pensar por sí mismos.

Y aquí llegamos a la gran contradicción, a la esquizofrenia nacional. Si ves las encuestas, la gente le pone un 10 a Bukele en seguridad. Pero pregúntales sobre la economía o la educación. Ahí la sonrisa se les borra. La gente está satisfecha con que no los maten, claro; es el instinto básico de supervivencia. Pero están profundamente insatisfechos con todo lo demás. Es la lógica del prisionero: “Estoy feliz porque el guardia ya no me golpea, aunque no tenga qué comer”.

Esa es la realidad de la juventud hoy. No ven esperanza. Sienten que El Salvador es un lugar para sobrevivir, no para vivir. Por eso, aunque haya “paz”, la única meta de alguien de 20 años sigue siendo largarse. Porque saben que en el “país del futuro” de Bukele, el futuro solo es para los amigos del presidente.

LA FINCA DE UNOS POCOS

Hablemos de la economía real. Si el país es tan próspero… ¿por qué carajos la gente sigue huyendo hacia Estados Unidos? Las cifras de migración no mienten. Huyen porque en El Salvador la vida está impagable. Y aquí es donde entra la traición más grande: resulta que la gente huye del “paraíso” de Bukele para irse a meter a la boca del lobo con Trump. ¿Y qué hace Bukele? ¿Los defiende? ¡Ni mierda! Bukele colabora felizmente con Trump. Se ha convertido en su mejor empleado.

El trato es sucio pero sencillo: Trump necesita deportar gente para su show racista, y Bukele necesita que Estados Unidos no lo moleste por sus violaciones de derechos humanos. Así que hacen match. Bukele recibe los aviones llenos de deportados con una sonrisa, aceptando que traten a sus compatriotas como basura para quedar bien con el “Patrón del Norte”. Mientras tanto, en casa, el neoliberalismo salvaje sigue su curso. Bitcoin City y Surf City no están hechos para ti; están hechos para que Bukele y su círculo se hinchen los bolsillos.

Y para que el circo funcione, necesitan luces de neón. Ahí tienes el Miss Universo. Se gastaron una millonada de tu dinero trayendo un concurso de belleza para decirle al mundo: “¡Miren, ya no somos un país de maras!”. Mientras las misses desfilaban, en los barrios la gente seguía comiendo salteado. Pan y circo… bueno, puro circo, porque el pan está carísimo. Y luego tienes la famosa Biblioteca (BINAES). Se ve muy bonita para la selfie, pero un edificio de vidrio no arregla un sistema educativo en ruinas. Es pura fachada.

“El negocio más grande sigue siendo la seguridad. Construir el CECOT es una mina de oro. Contratos millonarios que se reparten entre los amigos del régimen. Se están haciendo ricos con cada preso.”

Por eso no pueden quitar el Régimen de Excepción. Y aquí hay una contradicción: Bukele dice que “ya no hay crimen”, entonces… ¿por qué sigue aumentando el presupuesto de Seguridad y Defensa mientras recorta en Salud y Educación? Si ya ganaste la guerra, ¿para qué quieres más armas? La respuesta es simple: esas armas ya no son para los mareros. Son para ti.

Así que, regresando al principio… a toda esa gente en Guatemala, en Honduras, en toda Latinoamérica que dice: “Necesitamos un dictador cool”. Tengan mucho cuidado con lo que desean. Porque ese “hombre fuerte” que te promete limpiar la casa, al final termina quedándose con las escrituras. El precio de esa “seguridad” es tu libertad, tu voz y tu futuro. Te prometen que van a acabar con los “malos”, pero terminan creando un sistema donde el único “bueno” es el que tiene el poder.

No se engañen. Bukele y Trump no son salvadores. Son el síntoma de una sociedad enferma que prefiere entregarle el alma a un neocaudillo antes que arreglar sus propios problemas.

Son ídolos de barro: brillan mucho por fuera, pero por dentro solo están llenos de avaricia y desprecio por todos los que no somos parte de su club de millonarios. Si quieren un Bukele, adelante. Pero no lloren cuando les toque a ustedes ser la estadística en el Excel, el “daño colateral” en la cárcel, o el deportado que su propio presidente recibe con una sonrisa cínica. Porque al final, en el mundo de estos “tiburones”, nosotros solo somos la comida. Dejemos de aplaudir a nuestros verdugos solo porque se visten a la moda.

NUevo

Dormitorio

Dormitorio Objetos acumulados,llenan alma vacía.Observan inmóvilesEl pasar del tiempo.Mente desordenada.Cuarto abandonado.Pensamientos esparcidosComo polvo al viento.Soledad…

Leer más